Congreso = Salud
Hace
dos semanas se celebró en Valladolid el II Congreso Internacional de la Lengua
Española, organizado por la Real Academia Española (RAE) y el Instituto
Cervantes. A la cita acudieron cientos de expertos y hubo unos 1300
participantes en total de todos los países hispanohablantes, desde españoles
hasta mexicanos, ecuatorianos, colombianos, argentinos, etc. La primera edición
de este congreso se celebró en Zacatecas, México, en abril de 1997, y resultó
un éxito. Esta también lo fue. Y es que el hecho de que se celebre este evento
de tales dimensiones no es por otro motivo sino porque el español goza de buena
salud. Más o menos.
Uno de cada quince individuos en
la Tierra tiene el español como su lengua materna, lo que equivale, en las
matemáticas, a 400 millones de personas. Es la segunda lengua más
internacional, más extendida —la tercera más hablada—, después del inglés —la
segunda lengua más hablada por número de habitantes en los países
angloparlantes—. La más hablada, por raro que pueda parecer, es el chino: más
de una sexta parte de la población mundial es china. (Para quien quiera saber
algo en chino, gracias es Tshe Tshe, escrito con nuestro
alfabeto.)
Destacaron algunas ponencias
como la del Nobel Camilo José Cela, que al parecer ha utilizado prácticamente
el mismo discurso en tres o cuatro actos relevantes, como en la Expo de
Sevilla, en este congreso y alguno más. Fue criticado por gran parte de la
prensa: «Cómo es posible que un Nobel no sea capaz de crear una ponencia nueva
en cada ocasión importante». Quizá el hecho de que se le encargue una que trate
del español en líneas generales no dé para mucho más. En diez años la lengua
evoluciona muy poco. Uno de sus temas principales fue la diferencia entre decir
castellano y español. (Lo trataremos aquí.)
Digo que el español goza más o
menos de buena salud porque en el uso coloquial -el más habitual y, por ello,
el más importante- está algo deteriorado. En los últimos años, la entrada
masiva en nuestras vidas de las nuevas tecnologías ha hecho que se utilice
mucha terminología extranjera; es decir, términos no españoles, aún existiendo
tales términos en español. Por ejemplo: e-mail, que en español significa
correo electrónico, dirección electrónica o mensaje
electrónico (según el contexto), está mucho más extendido que los propios
términos españoles ahí citados, que empiezan, por suerte, a abrirse un pequeño
hueco en el complicado laberinto del léxico utilizado en un país o comunidad
con una lengua en estado de ebullición. Viva.
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