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La coma, un signo ‘carismático’
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La
semana pasada comenzábamos a hablar de este signo ortográfico, la coma (,), al
cual le concedíamos ese don —carisma— por su juego y arbitrio dentro del
texto. Ya hablamos de algunas de las reglas que moderan su uso; ahora seguimos
con algunas más.
Este signo ortográfico, la coma, ha de insertarse
obligatoriamente delante y detrás de expresiones intercaladas, las llamadas
aposiciones: Por fin, superadas las dificultades, pudieron continuar los
Juegos; Juan Carlos González, presidente del club, hizo mutis. También
es obligatoria la coma delante y detrás de expresiones aclarativas o
comparativas, como o bien, es decir, esto es, a saber: Dijo que vendría
sobre las nueve, es decir, antes de cenar; y de adverbios o expresiones
adverbiales de las que pueden construirse como incisos:
si acaso, además, aparte de eso, si bien, al menos, sin embargo, en efecto, por
ejemplo, entonces...: Dime, entonces, cuántas manzanas quieres; Él, al menos,
aprobó cinco. Por regla general estas comas se omiten en el lenguaje
hablado, es decir, a pesar de que existe o existiría una coma en el texto
escrito, no aparece reflejado en forma de pausa en el discurso.
Otra coma que se suele olvidar con facilidad es la que va
delante de etcétera (o etc.) tras hacer una
enumeración marcada por comas: En el mercado hay
papas, tomates, peras, naranjas, sandías, etc. Esa
coma es obligatoria porque el elemento etc. es parte de la enumeración, ya que
a lo que hace referencia es al resto, a otros más. Si no insertamos esa coma,
convertimos etc. en adjetivo
del último elemento de la enumeración.
Como comentábamos la semana anterior, además de las
comas que no se deben insertar y las comas que son obligatorias, existen una
serie de comas que pueden ponerse o no, las llamadas comas opcionales. Algunos
de estos casos se dan precisamente en algunas de las que ya hemos nombrado como
obligatorias, pero que por una serie de contextos, como el exceso de comas próximas,
hace que la supresión de esas comas no suponga una falta de ortografía.
(La próxima semana continuamos con la coma «carismática».)
La regla negativa por excelencia es la no coma entre el verbo y cualquier otro
elemento de la oración (sujeto, complemento) unido directamente a él. Esta
falta, la considerada más grave, se suele dar con frecuencia debido a la pausa
que se produce cuando nos encontramos con un sujeto largo constituido por una
oración de relativo: Quien quiera una buena nota, debe estudiar
mucho. Tampoco se inserta normalmente coma delante de las
conjunciones simples adverbiales («como, cuando»), adversativas («pero»),
causales («porque»), etc.
En los casos de coma obligada, el más básico es el de la enumeración de términos
no enlazados por conjunciones (nombres, adjetivos, oraciones, etc.): Pepe,
Juan y Carlos fueron al circo o Le gusta comer, dormir, jugar al billar y ver la
tele. Otras comas obligadas son las que van detrás y delante de una oración
intercalada en otra: Desde que vino, hace unas dos horas, no ha hecho más
que dormir. Tampoco hemos de olvidar la coma que se inserta delante del
pronombre «que» explicativo: El buey o vaca viejos, que se destinan a
carne. Si suprimiéramos esa coma, se destinarían a carne solo algunos de
esos animales, y no todos.
Otra coma obligatoria importante es la que se coloca en el lugar de un elemento
—normalmente un verbo— que se suprime por ser repetición de otro: Unos
hablan de política; otros, (hablan) de negocios, o porque se
sobreentiende: Perro labrador, poco mordedor.
(La
próxima semana continuamos con la coma «carismática».)
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