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De Madrid a NY en Business Class (1)
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En
los últimos años nos estamos modernizando en todo: nos compramos un ordenador
—de mesa, portátil o de estos que caben en la mano—, nos conectamos a
Internet, compramos en El Corte Inglés desde casa; tenemos coches más
potentes, teléfonos móviles en miniatura, grabadoras de DVD, televisores en el
techo del dormitorio, cámaras de foto sin rollo y millones de cosas más. Y
digamos que esta modernización es muy positiva; pero el problema llega cuando
este hecho nos hace tener un habla extremadamente moderna.
Y, con todo esto, desde hace algunos años, los niños empezaron a leer cómics
en lugar de tebeos; los jóvenes, a llenar su cuartos de pósters
en lugar de carteles; los empresarios, a hacer business en lugar
de negocios (y a viajar de Madrid a New York City en el Business Class
—o First Class— de Iberia; el Business Service de Air Europa, o el Avant
Class de Spanair, en lugar de Primeras Clases o alguna cosa por el estilo). Los
trabajadores de la construcción empezaron a sacar los tupperware en
lugar de las fiambreras; las chicas danone, a practicar aerobic en
lugar de gimnasia.
Después de afeitarnos ahora nos echamos after shave: el tónico
ya no funciona. Y tras el afeitado, hacemos un poco de footing o jogging
en lugar de ir a correr. Cuando vamos a Correos, utilizamos el parking
en lugar del aparcamiento.
Hoy en día ya es lo mismo decir hall que vestíbulo, o decir hándicap
que inconveniente o desventaja. Empezamos a tener feelings
en lugar de sentimientos. Y a vestir fashion en lugar de a la
moda. Y además de todo eso, compramos tickets, compact discs,
kleenex; comemos sandwichs; vamos al pub, y en verano
preferimos hacer camping en lugar de acampar o ir de acampada.
Estos son algunos de los ejemplos de lo que ocurre hoy en el mundo
hispanohablante, prácticamente todos hacemos un uso del vocabulario a veces
innecesario, pues en nuestra propia lengua disponemos de esas palabras. Algo
distinto sería que, por ejemplo, entre nueva tecnología en nuestras casas y no
se le haya dado un nombre por medio del calco (traducción literal de la lengua
original, por ejemplo: e-mail = correo electrónico), del préstamo
(palabra sin o con pequeña variación, por ejemplo: standard = estándar)
o de cualquier otro medio de traducción, y otra cosa es utilizar palabras como footing
(correr) o parking (aparcamiento) cuando con el español
vamos sobrados de significantes para esos conceptos.
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