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De Madrid a NYC en Business Class (y 2)
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Ya hablábamos la semana pasada del empobrecimiento del
idioma español dando algunos ejemplos de cómo el español se contagia de otras
lenguas, sobre todo del inglés. Un empobrecimiento causado, en parte, por la
gran modernización que recibimos desde hace ya algunos años.
Una de los mayores avances en comunicaciones, Internet, ha
traído a muchos de esos enemigos de nuestro idioma, palabras que con el tiempo
el español podría acabar adquiriendo como préstamos.
Y es que, por ejemplo, ahora las secretarias ya no se pasan
tantas horas pegando sellos en los sobres porque practican el mailing (significa
«enviar un mensaje electrónico a un grupo de direcciones electrónicas»), que
debiera llamarse buzoneo o directorio; y las empresas preparan los
training para los nuevos empleados en lugar de prepararles periodos de formación
o prácticas.
Hoy en día nos hacemos liftings, y bebemos y
comemos infinidad de productos light o roastbeef, que es carne
de vaca o ternera asada. Hoy es lo mismo decir self-service que
autoservicio; manager, que representante, o stand,
que puesto de venta. Para las recepciones de muchos hoteles españoles,
ahora las entradas son in; y las salidas, out,
infectadas quizá por la internacionalidad de las grandes compañías hoteleras.
En la televisión ahora se presentan magazines, shows,
talk shows, etc. Ya es difícil encontrar programas de entrevistas y
variedades o espectáculos. Y si el programa es muy heavy, se
le añade reality: reality show; y si se emite hacia las once o
las doce de la noche, muy tarde, late: late show, que es, por
ejemplo, el Crónicas Marcianas (género: late show con mezcla de talk
show y reality show...). No somos nadie. Y además en medio nos ponen
unos diez minutos de spots, que ya no son anuncios, y para no
aburrirnos, hacemos zapping.
En mi opinión, para intentar equilibrar la balanza de
entradas a nuestro idioma de palabras extranjeras, periodistas, lingüistas y
traductores deben realizar una gran labor, entre las que se incluye el evitar a
toda costa las palabras extranjeras para conceptos que ya tienen nombre en español.
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