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Ovidio Cordero Rodríguez
ovidio@ocordero.com
http://www.ocordero.com

Entender sin fronteras 

Hace unos días recibí en mi buzón electrónico un mensaje de un lector que me preguntaba por la idoneidad de dos palabras que escuchó en la televisión local. Esta persona se preguntaba si decremento y concretizar eran palabras correctas en español.

        Efectivamente ambas palabras son válidas según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Decremento aparecía en el contexto de la disminución de turistas llegados a la isla en algún mes; y el diccionario, en la entrada de esta palabra, aporta simplemente el sinónimo, disminución. Para concretizar, lo mismo: el DRAE remite a su sinónimo, concretar. Por tanto, ambas palabras, a pesar de ser perfectamente correctas, no cuentan con una definición propia (aunque pudiéramos denominar a la sinonimia como método de definición, nos referimos a una proposición que exponga con exactitud los caracteres de una cosa) en el diccionario, sino que son remitidas a otras más simples y con sus respectivas definiciones.

        Lo que queremos explicar con ese párrafo es que el hablante que pronunciaba estas palabras ha empleado vocablos que no se utilizan habitualmente en el lenguaje hablado formal o informal y que por ello pueden resultar de difícil comprensión. Como le pasó a nuestro lector, posiblemente le ocurriera a más lectores, e, incluso, a más de uno se le escapara el mensaje que trataba de transmitir del susodicho. Por tanto, éste habría fracasado en parte con su discurso por haber puesto unas fronteras que hicieron al espectador parar un momento a pensar o ir hacia atrás para intentar comprender todo el texto.

        Así pues, nos preguntamos, ¿por qué utilizar palabras complicadas no conocidas por todos, teniendo en nuestro rico léxico español infinidad de vocabulario útil y conocido por todos? Un psicólogo (citado por el terminólogo alemán Reiner Arntz en su libro Introducción a la terminología) me dio la respuesta hace unos meses; comentaba en ese libro que las personas que hacen uso de un vocabulario extremadamente complejo e ininteligible buscan, o encuentran inconscientemente, uno o los dos objetivos siguientes: a) ocultismo de su mensaje por, por ejemplo, inseguridad; b) afán de hablar con propiedad.

        Habría que añadir también que crear un texto sencillo, que es aquel que no ofrece dificultad y hace que un texto sea propio, resulta no tan fácil como podría parecer, pues no es solo el vocabulario lo que lo hace sencillo, sino también las estructuras sintácticas, complicado trabajo del que hablaremos en otro momento.