Nuestra  eñe

OTROS
Rociito y la Rae nos vuelven locos
Penélope 'Cruise' y Tom ‘Crus’
Solo ‘solo’
Las torres mellizas
‘Los talibanes’ sí, ‘los talibán’ no
Guay, liposupción, web, flipar ...
Evolución Talibana
Congreso=Salud
Queísmo y dequeísmo (1)
Queísmo y dequeísmo (2)
Imprimido y freído
Castellano y español
El tabaco no solo perjudica a la salud
EE. UU. y los once escalones
Tienes un email
Tendencias mayusculistas(1)
Tendencias mayusculistas(2)
El radar
Verbos: Haber(1)
Verbos: Haber(2)
La coma(1)
La coma(2)
La coma(3)
Guiones y rayas
El gerundio inglés (1)
El gerundio inglés (2)
Sobre prever y proveer
¿‘De’ 2002 y ‘del’ 2002?
Cuestión de estilos
El punto y coma
Los dos puntos(1)

'Se' reparten caramelos

Los tres mosqueteros

Incautarse de cerezas

Cesar, dimitir

Digresión

De Madrid a NYC en Business Class (1)

De Madrid a NYC en Business Class (2)

Entender sin fronteras
Los programas de la tele
Se han oído unos disparos

El ‘parking’

«El Guernica» vs. “La Gioconda” (1)

«El Guernica» vs. “La Gioconda” (2)

‘Sino’ qua non

¿Por qué ‘porqué’? (1)

¿Por qué ‘porqué’? (2)

Chorizo de [Chacón]

¿‘Adónde’ vamos? (1)

¿‘Adónde’ vamos? (2)

Cantemos, bailemos, y qué bien lo pasemos

El punto, un signo provechoso

Ovidio Cordero Rodríguez
ovidio@ocordero.com
http://www.ocordero.com

Se han oído unos disparos 

Podemos oír y no escuchar; pero no, escuchar y no oír. Esta oración a simple vista y sin haberla «escuchado» puede que parezca confusa, pero trataré de aclararla en las próximas líneas porque tiene mucho sentido.

        En los últimos tiempos existe una tendencia a pensar que las palabras largas son más cultas, lo cual puede conllevar falta de precisión. En este caso, la palabra que se está utilizando más es escuchar, de manera que el verbo oír queda relegado.

        Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), escuchar significa «prestar atención a lo que se oye» y según el María Moliner, «atender para oír cierta cosa»; mientras que oír significa según el DRAE «percibir con el oído los sonidos». Con esto se llega a la conclusión de que para oír no se precisa voluntad; no obstante, para escuchar, sí. Para no oír, basta con taparnos las orejas; en cambio, para no escuchar, lo que tenemos que hacer es no prestar atención.

        Muchas veces oímos el desafortunado No te escucho, cuando en realidad lo que se quiere decir es No te oigo pues se refiere a que no se percibe bien el sonido, y aquélla, por tanto, no expresa lo que se quiere significar realmente, que es «no quiero oír lo que estás diciendo».

        Igual ocurre cuando de repente oímos un ruido extraño y preguntamos al de al lado ¿Escuchaste eso? En verdad lo que hemos hecho es oírlo; para escucharlo no hemos tenido tiempo porque nos ha pillado por sorpresa y no hemos podido preparar nuestra atención.

        Otras formas anómalas utilizadas con frecuencia son, por ejemplo, La bomba se ‘escuchó(por ‘oyó’) en toda la ciudad; Se han escuchado’ (por ‘oído’) unos disparos, o Te he ‘oído(por ‘escuchado’) a lo largo de toda la conversación y no sé adónde quieres llegar.

        Hace algún tiempo leí —no recuerdo dónde— una curiosa anécdota que explica todo lo dicho hasta ahora: hablaba el reconocido traductor Valentín García Yebra en una conferencia cuando alguien lo interrumpe para decirle: «Perdone, desde aquí atrás no se le escucha bien», a lo que García Yebra responde: «Si han venido hasta aquí es porque me escuchan, lo que ocurre es que no me oyen bien».

        Así que podríamos decir que el refrán ‘No hay peor sordo que el que no quiere oír’ en verdad quiere decir ‘[...] el que no quiere escuchar’.