|
Se han oído unos disparos
|
Podemos oír y no escuchar; pero
no, escuchar y no oír. Esta oración a simple vista y sin haberla
«escuchado» puede que parezca confusa, pero trataré de aclararla en las próximas
líneas porque tiene mucho sentido.
En
los últimos tiempos existe una tendencia a pensar que las palabras largas son más
cultas, lo cual puede conllevar falta de precisión. En este caso, la palabra
que se está utilizando más es escuchar, de manera que el verbo oír
queda relegado.
Según
el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), escuchar significa
«prestar atención a lo que se oye» y según el María Moliner, «atender para
oír cierta cosa»; mientras que oír significa según el DRAE «percibir
con el oído los sonidos». Con esto se llega a la conclusión de que para oír
no se precisa voluntad; no obstante, para escuchar, sí. Para no oír,
basta con taparnos las orejas; en cambio, para no escuchar, lo que
tenemos que hacer es no prestar atención.
Muchas veces oímos el desafortunado No te escucho, cuando en realidad lo
que se quiere decir es No te oigo pues se refiere a que no se percibe
bien el sonido, y aquélla, por tanto, no expresa lo que se quiere significar
realmente, que es «no quiero oír lo que estás diciendo».
Igual ocurre cuando de repente oímos un ruido extraño y preguntamos al de al
lado ¿Escuchaste eso? En verdad lo que hemos hecho es oírlo;
para escucharlo no hemos tenido tiempo porque nos ha pillado por sorpresa y no
hemos podido preparar nuestra atención.
Otras formas anómalas utilizadas con frecuencia son, por ejemplo, La bomba
se ‘escuchó’ (por ‘oyó’) en toda la ciudad; ‘Se
han escuchado’ (por ‘oído’) unos disparos, o Te he ‘oído’
(por ‘escuchado’) a lo largo de toda la conversación y no sé adónde
quieres llegar.
Hace
algún tiempo leí —no recuerdo dónde— una curiosa anécdota que explica
todo lo dicho hasta ahora: hablaba el reconocido traductor Valentín García
Yebra en una conferencia cuando alguien lo interrumpe para decirle: «Perdone,
desde aquí atrás no se le escucha bien», a lo que García Yebra responde: «Si
han venido hasta aquí es porque me escuchan, lo que ocurre es que no me oyen
bien».
Así que podríamos decir
que el refrán ‘No hay peor sordo que el que no quiere oír’ en verdad
quiere decir ‘[...] el que no quiere escuchar’.
|